Paraísos excomulgados, lugares infrecuentes y otros blindajes contra gusanos - Gustavo Guinaldo

Como en “Arribos y Partidas”, su primera obra literaria, nos hallamos nuevamente ante la creación poética como intensa aventura que no desestima sus posibilidades intelectuales, buscando escapar a los límites que trata de imponerle el lenguaje referencial, en un inescindible pendular entre poesía y pensamiento, pensamiento y poesía, un paso más allá del animal que pregunta y que no puede sustraerse de gravitar hacia el imán de lo desconocido, lo desaprobado, lo reprimido; lugares infrecuentes en su mayoría en donde la poesía pareciera al borde de extraviar su esencia, y sin embargo, nos devela otras sendas difusas apenas franquea esas que se dicen fronteras en tanto no es sino instrumento de resistencia.

Digamos que el lenguaje poético se rebela a ser sometido a una horma, a   que su profusa libertad plástica sea momificada y con ella el curso de la experiencia vital en la que despliega su intemporal fuerza creadora, buscando echar luz sobre lo que, en tanto queramos, podríamos llegar a ser, cada uno, animándonos a preferirnos, a erigir nuestra propia biografía. Así la poesía, como una de las formas de la belleza, de ese otro pensar, nos revela y nos ofrece su peculiaridad de portal hacia nuevos posibles, otra opción: una oportunidad. Pues el animal racional, el animal poético, el animal ficcional, son uno y el mismo, y con esos lenguajes que no son independientes, edificamos aquello que denominamos nuestra realidad, y el lenguaje poético, en tanto revela la condición paradójica del hombre, nos otorga la perspectiva de poder forjarnos a través de él.

En una época en donde el mundo da toda la impresión de retroceder poéticamente, Guinaldo regresa sobre sus pasos para avanzar dándole otra vuelta de tuerca a temáticas como la finitud, la fragilidad de lo efímero, el amor en sus formas lícitas e ilícitas (esos paraísos excomulgados), el recupero de la corporalidad de las garras de los despreciadores del cuerpo, la otredad en toda su amplitud poniendo en tela de juicio el concepto de identidad instalado, destacando la multiplicidad y el encontrarse siendo otros a través de lo dialógico, la despersonalización y el problemático desapego del yo, defendiendo la autonomía de las decisiones individuales, así como resaltando la contradicción como rasgo inherente a la condición humana.

Filosofía y poesía no parecen, en este caso, indiferenciarse una de la otra, se aparean artísticamente en mayor o menor medida e intensidad para embarcarse en una búsqueda estética que contribuya a atravesar bellamente ese transcurrir al que estamos ceñidos fugazmente. Valga entonces decir que, tratándose de la finitud un concepto que vuelve a profundizarse en la pluma de Guinaldo, nuevamente cobra la misma intención y relevancia la necesidad de revalorar el tiempo de vida. Y en este caso, el lenguaje poético puede ser un aliado de importancia crucial.

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